Si no te hace sentir que los vellos de tu cuerpo se van erizando uno a uno entonces no es arte.
El arte no viene de pequeños lugares encerrados y caros, proviene de la inestabilidad mental y emocional, proviene de una necesidad de estallar en colores y versos, en cantos o en tangos. El arte escupe las cuestiones ideológicas porque le dan asco, entiende que la cuestión aquí es de vida o muerte, nada más. El arte espera sigilosamente para atacar al cuello, para despellejar los traumas y abrir las heridas ancestrales. El arte sabe perfectamente que jamás será estético y que vivirá en los pantanos de aquellos creadores que no supieron andar de la mano de la normalidad.
Sentir el arte, oler el arte, saborear el arte es cosa de locos y no de cuerdos, es querer aderezarse la vida con pintura y letras borrachas, es no querer saber, ni sentir, pero sentir y saber que el mundo se acuesta tiernamente en brazas que poco a poco lo convierten en ceniza.
Cuando entra en los cuerpos estos arden en llamas, explotan en mares y se vuelven huracanes. No hay tiempo para pensar sólo hay tiempo para desbordarse en recuerdos y emociones que creíamos totalmente sepultados.
El arte tiene los labios secos y las ojeras frescas, tiene temblor en las manos y la sonrisa puesta. El arte no se encuentra en la forma ni en la esencia sino en el sentido de la forma y la esencia. El arte no es un objeto que puedas poner en la sala como decoración para que tus amigos vean lo intelectual que eres, el arte no es algo que se compre o venda, el arte es un chasquido del universo, un vómito que se vuelve escultura, es una ráfaga de caos, es un no poder dormir.
La sangre sabe distinta una vez que admiras una obra, no encuentras calma porque sabes que se trata de revelaciones, de verdades ocultas, de misterios, de mitos que se esconden celosamente de la mala gente.
El arte no ha salvado ni salvará al mundo, lo sabemos bien, lo volverá más salvaje, más auténtico, lo envolverá con sus velos de seda para que los dedos y miradas sucias no lo toquen, pero si lo rocen. El arte naufragará en mentes que no entienden de la terrible necesidad de un suspiro, que se convulsionan ante la palabra rebeldía y que jamás esperaron a la desesperación para irse una y mil veces de sus cuerpos y reposar en bosques fantasmas para así encontrar segundos de tranquilidad.
El arte no va con el sistema, se sale de éste, le clava una daga en el centro y de su sangre hace poemas malditos que permitan la caída libre de los cuerpos. El arte empapará las mejillas de aquellos ingenuos que creyeron en la propiedad privada, besará los labios de aquellas putas que jamás conocieron un pincel y sin embargo pintan en cada esquina una utopía. El arte se encargará de hacer el amor con los marginales y demostrarles que los ciegos pueden volar y los sordos pueden cantar. El arte es terrorismo a los sentidos o no es arte.